Esta pregunta ha irritado a mi mamá más de una vez y es que, desde que sé cómo desenvolverme en las calles y dónde debo hacer mis necesidades, ella no necesita ponerme correa ni nada por el estilo, yo jamás me alejaría, la amo demasiado, sería imposible que yo saliera corriendo, ella lo sabe y por eso tenemos un trato tácito que hace que en nuestros paseos yo me muestre como un perro libre y ella, como una madre relajada. Sin embargo mucha gente no piensa lo mismo, es increible ver la desesperación en los rostros de muchas personas cuando me ven caminar libre y feliz, sus rostros llenos de envidia, desesperación, preocupación los llevan a hacer una serie de rituales que ya me los conozco de memoria: primero me miran, miran alrededor, me vuelven a mirar y entonces la frase seguida por la pregunta sale de sus bocas como si fuese un tipo de código instaurado en ese tipo de mujeres antes de nacer: ¡pobre perrito, creo que se ha perdido! ¿de quién será?
De pronto, con una sonrisa irónica llena de sarcasmo, aparece mi madre en el papel de mujer histérica cansada de que insunúen siquiera que es una madre desnaturalizada que abandona a su pequeño bebé. Ella con un tono cansino y agobiado responde al ataque infundado con una frase clásica: "hay tantos niños en la calle por lo que nadie se pregunta si se habrán perdido, sin embargo se dan el tiempo de fijar su atención en un perro que lo único que hace es ser libre". Yo les demuestro que conmigo no es el asunto y sigo mi camino, pero ella no puede evitar responderle a esa gente que no encuentra sociego sino me ve atado a la más triste demostración de la desconfianza: la correa.
1 comentario:
Que lindo el Ron... que linda historia
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